A los 32 años mi vida cambió radicalmente, sin esperarlo.

por admin
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Cuando llevas tanto tiempo haciendo lo que la sociedad quiere, a veces, te puedes sorprender el giro que puede dar tu vida, eso fue lo que me ocurrió, a los 32 años mi vida cambió.

Me encontraba perdido, solo, sin motivación y con un gran vacío en mi interior.

No se trataba solo de quedarme en el paro después de más de 8 años trabajando en el mismo lugar.

Es en ese momento en el que te das cuenta de muchas cosas, y que antes ignorabas por trabajar continuamente.

Es lo que hacemos todos por encajar en una sociedad en la que nos dice como debemos vivir nuestras vidas.

Y lo vivimos de forma natural, lo hacemos de forma inconsciente, pero no todo el mundo puede vivir así.

Por eso, a los 32 años mi vida cambió, y esto fueron las razones:

a los 32 años mi vida cambióSin amigos.

Es curioso, cuando uno trabajaba, la gente continuamente me escribía o me decía de hacer cosas.

También de trabajar en donde estaba, y en la medida de mis posibilidades lo hacía.

Te das cuenta, cuando ya no tienes que trabajar, que los mensajes dejan de llegarte y que antes te pedían ayuda para trabajar, ninguno se acuerda de ti.

Ni te devuelven lo que haces por ellos, y terminas recibiendo un silencio incómodo.

Es la triste realidad con las personas hoy en día, solo se acuerdan de ti cuando necesitan algo.

Te terminas decepcionando y llegas a pensar que es por tu culpa.

Empiezas a sentirte fatal, y hay pocas cosas peores.

Algo que aprendí es que la vida sigue, y que hay personas en el mundo esperando a conocerte.

Solo tienes que seguir moviéndote hasta que sientas que ese es tu lugar.

A los 32 años mi vida cambió

Perdido.

Cuando llegas de trabajar el último día, no lo has asimilado e incluso te levantas a la misma hora, al día siguiente.

Es en ese momento en el que te das cuenta, de que estás en el paro, y fue en ese momento en el que me sentí perdido.

No por el miedo, la incertidumbre o por tener 32 años, no, para nada de eso.

Me sentí perdido porque ante mí, había un mundo de posibilidades.

Es cierto que más corta a esta edad, pero siempre hay posibilidades.

Aunque es cierto, que eso no quito sentirme perdido, tampoco evito que me diera algún ataque de ansiedad.

Tampoco evitó el cuchicheo familiar.

Sentirme perdido ha sido una de las peores experiencias que he vivido.

Aunque lo bueno de perderte, es que cuando te reencuentras contigo mismo, te conviertes en una persona diferente.

Te conviertes en la persona que debes ser en ese momento.

Conocerme.

Terminar en el paro me sirvió para muchas cosas.

No solo aprendí quienes son amigos, conocidos o interesados, también ayudó el perderme.

Una parte de mí, no estaba completa al tener un trabajo que no me hacia feliz y que no me permitía ser yo mismo.

Ese sentimiento durante mucho tiempo se convirtió en un vacío, no era feliz, no era la vida que quería vivir, para nada en absoluto.

Cuando estas a solas contigo mismo, solo te quedan dos opciones: Conocerte y aceptarte o tener que odiarte y regodearte de lo infeliz que eres.

Acepté conocerme y aceptarme para poder seguir avanzando, para llegar a donde quiero estar.

Y la vida te va a recordar, que hay lecciones que hay que aprender para seguir adelante, y cuando sientas que te suceda eso: STOP.

Respira hondo, y descubre que es, para avanzar al siguiente nivel de la persona que quieres ser.

Volver a levantarme una vez más.

La vida me había avisado y golpeado nuevamente, me miraba a los ojos, diciéndome: Levántate.

Es lo que hice, levantarme, sacudirme y aprender a recibir cada golpe.

No es fácil tener que reiniciar tu vida, cambiar costumbres o admitir que a veces se hace difícil todo.

Es una decisión que he tenido que tomar cada día, al despertar.

Vivir es un acto de fe diario, una voluntad.

Como opinión final, he de decir que a cada pocos segundos esta misma situación le pasa a alguien en el mundo.

Estamos tan acostumbrados a vivir bajo las normas de la sociedad, que nos olvidamos de buscar nuestra felicidad.

Y no es necesario casarse, tener hijos o ser esclavo de un trabajo 24 horas, nuestro mayor pecado es no disfrutar la vida.

Es el no aprender, el no soñar y el no elegir lo que realmente queremos, muchas veces por contentar a otros.

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